Durante mi vida laboral como desarrolladora he tenido que presentar, además de variados exámenes de certificación, varias pruebas técnicas donde pareciera que se evaluara más la capacidad de memorizar instrucciones que el verdadero talento para comprender los conceptos necesarios para que la programación sea óptima.
Alguna vez un profesor me dijo que un buen desarrollador jamás se “vara” por el lenguaje de programación, que cualquiera que comprendiera bien los principios del desarrollo y las metodologías, podría aprender el 80% de un lenguaje y lo manejaría sin ningún problema en un lapso de 15 días. Hoy, después de 7 años de “tirar código” como loca comprendo lo que realmente quiso decirme en ese momento: lo importante no es saber hacer un ciclo, sino conocer el por qué se debe implementar.
Muchos hemos escuchado hablar sobre patrones, capas, inyección de código, y un sin número más de palabras que a la mayoría son desconocidas y suenan a insulto de geek. Son pocos los que, trabajando ya en proyectos, comprenden realmente qué signfican y el por qué son “la mejor” opción en x o y situaciones, y al final termina convirtiéndose en un proyecto “copy-paste” de código donde el desarrollador no logra explorar y explotar al 100% su capacidad.
En mi opinión, las empresas de tecnología deberían de apuntar a una prueba de conocimientos, más que una prueba técnica, donde se le pregunte al aspirante sobre su opinión acerca de cuál sería SU mejor metodología (si, SU, leyó bien), o qué significa trabajar con MVC o MVP, o cosas con las que realmente pueda cualificar si el desarrollador tiene las aptitudes para el proyecto o no, total, el lenguaje de programación lo puede “googlear” en cosas muy complicadas.
Me ha sucedido y hablando con amigos desarrolladores, que uno escuche expresiones como “es que ese arquitecto si es muy bruto, nos va a poner a hacer esto en lugar de aquello” ó “yo le puse esa clase porque como las otras pantallas la tenían”, obviando así la falta de buenas bases, no de lenguaje, sino de conceptos de desarrollo que nos llevan a ser no solamente terminales brutas que mueven sus dedos y hacen códigos, sino aprendices de arquitectos con el suficiente criterio para investigar, proponer y optimizar el trabajo que estamos realizando.
Pasa mucho que luego de un par de años, un desarrollador al que no se le ha retado con su trabajo, se aburre en lo que está haciendo y comienza a buscar nuevos rumbos. El desafío para los gerentes y arquitectos está en proponer soluciones que no solamente satisfagan al cliente, sino que presenten para su grupo una verdadera motivación y que sea una fuente de aprendizaje y de caramadería.
Dicen que los desarrolladores estamos en vía de extinción, que nadie se le quiere medir a ser el “ayudante de obra” de los proyectos y que somos los más explotados, pero la industria tampoco se preocupa por generar espacios de verdadero aprendizaje y que los poquitos que se atreven a entrar a este mundo se sientan a gusto y se atrevan a crear, generando la disciplina que esta arte merece. Solamente nos exígen que cada tanto presentemos una certificación que es más una apología a la memorización de respuestas y se acuerdan que existimos cuando el cliente lo llama a “madrear” por los fallos presentados.
La invitación es pues para las empresas, sus gerentes, arquitectos y desarrolladores senior a realmente “adoptar” a los júnior que ingresan a los equipos de trabajo, y propiciar un verdadero ambiente de comunidad y colaboración, marcando así un nuevo camino hacia el verdadero altruismo digital donde el conocimiento y la creatividad sean las verdaderas bases del desarrollo.