Yo no se usted, pero yo sí creo que mi vida está conectada a la Internet...
Hace poco más de tres lustros conocí una pequeña sala de cómputo en la universidad, en tiempos de 4 poderosas megas de memoria RAM y potentes procesadores 486. El reto de aquel tiempo era saber quién podía visitar más países diferentes al natal en menos de 5 minutos, cuando el mejor navegador del mundo era el Netscape 2.0 y desde casa nos conectábamos al mundo usando un módem de menos de 10 mil baudios.
Sin duda, y lo confieso sin temores, soy un dinosaurio de Internet. Vi nacer la criatura y poco a poco me fui habituando a su crecimiento desmedido, a su voracidad por las mentes de todos aquellos seres humanos que hallaron en este invento mucho más que una ventana al universo y a la incredulidad, infinita en muchos casos, para sustentar la resistencia poderosa que significó para muchos de los grandes medios informativos mundiales el perder su hegemonía y presenciar, aterrados y al borde de la histeria, la llegada de nuevos humanos parlantes y escribientes de cosas tan impensadas como anuncios de foro, posteos de blog, trinos de Twitter y toda clase de nuevas formas expresivas, incapaces de amarrarse a los viejos estándares del periodismo y la comunicación.
En este contexto se hizo necesario agregar palabras al diccionario y significados a las cosas de la nueva cotidianidad. Inclusión Digital, por ejemplo, es una de ellas. Podría traducirse como la estrategia global que permite darle paso a las nuevas alfabetizaciones, cada vez más alejadas de la simple lectoescritura de toda la existencia, y que ahora contiene tintes bastante más vistosos, como la seguidilla de acciones necesarias para navegar mediante los viejos enlaces de hipertexto, avanzar en las transacciones bancarias en línea y, como no, ejercer la democracia por medio de un computador.
La Inclusión Digital es un proceso que aprendimos andando, sobre la marcha, asumiendo posturas cada vez más complejas en contraste con las inmensas facilidades que diariamente suponen los avances de la ciencia y la tecnología. De la agenda empresarial contramarcada con su nombre y el de su empresa a la tableta, del beeper al smartphone, del decir no está, deje el mensaje a escríbele por Waths up... nuestras vidas dependen cada vez más de cosas que no vemos, de redes que nos enlazan a muy altas velocidades, trayéndonos absolutamente todo lo que necesitamos (o creemos necesitar) para estar on line, conectados, unidos al mundo real que nos abraza y empuja hacia nuevos desafíos, retos y hasta precipicios.
Bien se dice que las tecnologías de punta son tan simples que cualquier persona puede usarlas. ¿Qué los niños traen el chip? No es cierto. Aprenden por asociación, les damos nuestras herramientas y sin prevención las manipulan, demostrando que somos nosotros los que nos complicamos la existencia leyendo complejos manuales de instrucciones (bueno, si compraste un producto Apple, eso no viene en la caja y no será necesario) para que conste que somos brillantes, que no estamos lejos de los nativos digitales, y que somos inmensos para dejar en claro que hace rato pasamos la brecha y nos declaramos incluídos digitales.
¿Cuánta gente a su alrededor no se parece en nada a usted o a mi? ¿Cuántos niños, jóvenes y adultos de todas las condiciones económicas y sociales le dicen a diario que no tienen idea de lo que les hablamos, al presentarles un portal transaccional? ¿Sabe usted cuál es la diferencia entre un CMS y un LMS? ¿Usted ya certificó sus competencias digitales?
Si al menos una de estas preguntas le quedó sin responder, o digamos que le quedó a medias, le cuento que ciertamente, y como dice el título del post, Para usted también hay. ¡Siga, bien pueda! Este es su espacio para vivir y disfrutar la Inclusión Digital.
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